Lisboa ya está de fiesta y eso es gracias a la primera semifinal de Eurovisión 2018, que arrancó este martes 8 de mayo con sabor agridulce para los seguidores del programa. Era la “semifinal de la muerte”, con un amplio nivel sobre el escenario en una gala presentada, por primera vez, por cuatro mujeres, entre las que destaca sin duda Daniela Ruah, conocida en todo el planeta por su papel protagonista en NCIS: Los Ángeles. Las maestras de ceremonia estuvieron a la altura de un momento de tensión en el que 19 países competían por solo 10 puestos en la gran final del sábado 12 de mayo. Como era de esperar, no llovió a gusto de todos en el veredicto final, que contemplaba los votos de los españoles, que en esta primera semifinal sí podíamos votar.

Era previsible que canciones como la de Suiza, Macedonia o incluso Bielorrusia se quedaran sin pase. El rock de los hermanos suizos no convenció a la mayoría, a pesar de unos estribillos con mucha fuerza, pero escaso en todo lo demás. Macedonia, con cambio de vestuario incluido, nos recordaba a todo aquello que ya pensábamos superado en el Festival. Y Bielorrusia apostaba por mucha escenografía que descentraba de un cantante con aptitudes, pero que no lograba brillar. Tampoco lograba clasificarse Islandia, con una balada con aspiraciones pero que sonaba a algo ya escuchado en otro momento, y un cantante con muy buena voz, pero que se perdía en una noche con tanto nivel y canciones realmente movidas y brillantes.

Con Armenia y Grecia eliminados, perdíamos dos baladas intensas y, sobre todo, parte del folclore de Europa. Ambas cantaban en sus idiomas nacionales (armenio y griego) y lo hacían con exceso de sobriedad pero mucha energía, que muchos veían con futuro, pero que han quedado fuera. Bélgica tampoco lograba su pase, a pesar de estar entre las favoritas de las casas de apuestas, como Grecia. Y no es de extrañar, por lo flojo del directo de su cantante, perdida en todas las estrofas. Croacia era todo lo contrario, una fórmula casi perfecta, con una interpretación en directo maravillosa, una voz desgarradora y una canción que, a priori, podría encajar bien en el Festival, pero también ha quedado fuera.

La sorpresa la dio, sin duda, Azerbaiyán. La primera vez que el país no se clasifica, y no será que no han repetido fórmula. Una canción con estribillos pegadizos, una escenografía recargada y una cantante capaz de transmitir y enamorar a cualquiera. Duro golpe para el país y para nosotros, que estaba en nuestro TOP10 de la final. Habrá que buscarle sustituto. Pero para sorpresas, también entre los clasificados. Irlanda vuelve a la final tras años de ausencia con una balada dulce y emotiva y un claro guiño gayfriendly en su escenografía. Idéntica situación de canción con Lituania, que daba el otro campanazo de la noche, clasificándose con una puesta en escena absolutamente íntima. Muchos eurofans españoles ya se preocupan por si alguno de estos países roba puntos a Amaia y Alfred en la final del sábado.

Albania también logra pasar a la final, con un tema lleno de rock y un directo más que brillante de Eugent Bushpepa, que dejaba a todo Twitter sin aliento por su capacidad vocal y su talento. Podría venirse muy arriba en las casas de apuestas en unos días. Menos sorpresa ha dado Finlandia, una de las grandes divas de la noche y con una escenografía llena de excesos, pero ofreciendo uno de los espectáculos más pop de la noche. Austria también era verdaderamente favorita, y ha cumplido expectativas. Su puesta en escena, digna de un concierto real, con un Cesár Sampson venido arriba y ofreciendo todo su soul a Europa entera. Digno finalista.

También lo es Estonia, que repetirá espectáculo lírico en directo el sábado gracias a una Elina magistral que no ha fallado en una sola nota, y que ha traído ópera en italiano a Lisboa para conquistar el Festival. Difícil se lo pondrán los de Bulgaria, porque Equinox tiene un juego de voces que atrae y que es auténtica armonía, con estribillos pegadizos que crecen y crecen, y una realización digna de videoclip en algunos momentos.

Los tres grandes favoritos de la noche eran República Checa, Chipre e Israel, y también han escuchado rápido sus nombres. En el caso de Mikolas Josef, ya recuperado de su accidente durante los ensayos, estaba claro que lograría colar en la final a la República Checa, que obtiene su segundo pase, tan ansiado. Ha evitado algunas acrobacias, pero tiene baile suficiente para encandilar a toda Europa también el sábado.

Pero para baile, por supuesto, el de Chipre. Eleni arrasa con un directo perfecto y unos pasos dignos de Beyoncé o Jennifer López. Al fin y al cabo, el compositor de la canción ha escrito algún single para JLO. Se huele a gran podio, si no es que arrasa directamente en la final. Gran año el de Chipre. Israel también se resarce de algunos años de escasez con una Netta casi imparable que ha realizado un directo de diez y una actuación sobradamente aplaudida, que solo ha quedado empañada hoy por Chipre. ¿Será el gran duelo del sábado…? Se admiten opiniones. De momento, nos queda una segunda semifinal. ¡Nos vemos el jueves!

Imágenes: Eurovision Song Contest

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