Que las Fallas son constante evolución es algo que no puede sorprenderle a nadie. La propia fiesta es efímera, en tanto que la falla en sí ha de arder cada 19 de marzo para que, en menos de un año, cada artista y cada comisión pueda tener de nuevo levantada, en su demarcación, una nueva. Se trata de un trabajo ciertamente pesado, laborioso y lleno de arte y sacrificio, que ha llevado en los últimos años a algunos de nuestros artistas falleros a cerrar sus talleres y bajar la persiana, bien para vivir de otra cosa, o bien para seguir creando fallas desde otras firmas. Porque, en comisiones o en fallas municipales, este renovarse o morir a veces, los que perdemos, somos los espectadores y falleros, porque los artistas no pueden más, no les es rentable.

Lo que también es cierto es que en este mundo de las Fallas, las modas y las tendencias son muy cambiantes. No así el presupuesto. Y, por esto, a muchos les sorprendería ver los primeros premios de Sección (de cualquiera de ellas) de hace una década, de hace tres, y las de este mismo ejercicio pasado. Lo mismo ocurre con las del Ayuntamiento de Valencia. Las fallas municipales. Ellas también han vivido toda clase de cambios, a veces por el propio Gobierno valenciano, que es quien contrata, al final, el proyecto. A veces por los propios gustos de los artistas, escogidos de mil y una maneras, y con toda clase de estilos.

¿Y si repasamos las últimas fallas plantadas en el Ayuntamiento? Mucho ha llovido desde 1942, cuando Junta Central Fallera tiene el registro de la primera falla municipal: Su Magestad, el labrador, obra de Regino Mas Marí, hasta la última, en 2019, llena de grafiti por parte de PichiAvo y los artistas Latorre y Sanz.

2004: Alucine, de Pedro Vicente Baenas García

Sí, Pere Baenas estuvo en la Plaza del Ayuntamiento, y sabe lo que es un gran monumento de referencia. Alucine fue esta falla, con toda clase de guiños a la actualidad del país, mezclada con la historia de las películas más significativas del cine. Desde TitanicStar Wars, pasando por Scream Tiburón, toda cinta servía para hacer un poco de sátira.

2005: Y tú, ¿qué pintas?, de Alejandro Santaeulalia Serrán

Otro grande de saga más que importante para el mundo fallero. Alejandro Santaeulalia se atrevía con Dalí, Picasso o Velázquez para retratar una falla icónica, que todo turista podría reconocer fácilmente. Diversos remates a distintas alturas lograban una falla distinta, vertical y con mucho volumen, especialmente por la musa pintada en la propia falla.

2006: Imagine, de Ramón Espinosa Aguilar

Ni Ramón Espinosa ni ningún valenciano o fallero merecíamos que unos delincuentes hicieran arder parte de la falla cuando estaba todavía por plantar en plena plaza del Ayuntamiento. Pero lo cierto es que el resultado final, digamos que arreglado, fue muy solvente. Y la falla pudo levantarse metros y metros de altura, a pesar de que su principal remate estaba sentada de rodillas, al estilo de la falla que tendrá la misma plaza en 2020. Aquí, una oda a la paz y a un mundo mejor, con un título muy evocador.

2007: La mar al vent, de Pedro Vicente Baenas García

Nueva incursión de Pere Baenas en las fallas municipales, y lo hace con un estilo radicalmente opuesto a la creada unos años atrás. Con la mitología como eje central, y dos remates en escorzo, el juego de color y las formas recordaban al estilo de las Hogueras de Alicante, y ya intuían esa paleta tan excéntrica a veces de un Pere Baenas que, igualmente, gustó mucho.

2008: Desitges el que desitges, et quedaras a mitges, de Latorre y Sanz

Y Pere Baenas no es el único repetidor en este recopilatorio. José Latorre Lleó y Gabriel Sanz Fernández (Latorre y Sanz) creaban una falla con un remate también icónico para todos: Un jovencísimo Aladdín y un Genio de la lámpara eran las principales figuras en esta obra, otra de las más voluminosas, pero menos arriesgadas, de las fallas municipales de los últimos años.

2009: Benvinguts a casa, de Pedro Santaeulalia Serrán

Pedro Santaeulalia, otro de los hermanos de la saga. Venía de ganar cinco años consecutivos con fallas de presupuestos surrealistas en Nou Campanar. Este 2009 probó suerte y decidió cambiar, de la enorme plaza, a una más relevante e histórica, la del Ayuntamiento. Y, además, con un guiño claro: La apertura de Bioparc unos meses antes. Benvinguts a casa es una de esas fallas municipales en las que cuesta encontrar personas, ya que los animales centran todo el remate, y hasta las escenas más bajas. Toda la gestualidad y paleta de colores tan clásica de Santaeulalia hicieron de ella una de las más bonitas y fotografiadas por los turistas.

2010: Falles o treballes, de Pedro Santaeulalia Serrán

Repetía Pedro Santaeulalia, después del éxito anterior, y lo hacía con una oda y crítica a las propias Fallas, a cada comisión, a cada valenciano. Una familia entera, ataviada con el traje regional, era el gran remate de esta obra, a medio camino entre los colores y formas tan propias de Santaeulalia, y las formas que eran tendencia bastantes años atrás en las principales fallas valencianas. Sin duda, recordada por todos aquellos que les gusta el folclore y lo tradicional, ya que la falla era, muy de la terreta.

2011: València 2011: esport tot l’any, de Pedro Vicente Baenas García

Nos volvemos a encontrar con una cara conocida y, además, con esos colores que ya ha hecho suyos. Desde un enorme Ferrari a un gran atleta, todos los deportes imaginables aparecían en esta locura, por forma, de falla, que parecía que pudiera cobrar vida en cualquier momento, y también caerse. Una estética arriesgada y que causaba impacto para una ciudad que empezaba a vivir de sus grandes eventos deportivos.

2012: Pensat i fet, de Vicente Llácer Rodrigo y Alejandro Santaeulalia Serrán

Volvemos a encontrarnos con otro Santaeulalia, pero ahora de la mano de Vicente Llácer, quienes acabarían, unos años después, compitiendo también (pero no juntos) en la Sección Especial. Juntos formaron esta falla que recordaría también a las primeras obras plantadas por la ciudad, con un remate de “cajón y figura” lleno de peso y volumen, y con esa genialidad en las expresiones de sus ninots de la firma Santaeulalia. Los bajos, por su parte, llevaban una mezcla de estilos y colores. El resultado, más que suficiente.

2013: La millor del món!, de Vicente Llácer Rodrigo y Alejandro Santaeulalia Serrán

La pareja buscó resarcirse, y vaya si lo hicieron. Un año después volvían a apostar por el guiño a Valencia, pero a lo grande. Lo más representativo de la ciudad, pasando por un enorme grupo de turistas en lo alto, creaban un remate inmenso y espectacular, que todo el mundo aplaudió. Aparece en casi todas las postales de la ciudad, y no es de extrañar. Vendía la millor ciutat del món a todo el que la viera. Éxito

2014: El decàlec del valencià, de Manolo García Ramírez

Empezaba en 2014 un registro nuevo para las fallas municipales: La vareta, que había impactado tanto a vecinos y turistas los dos años anteriores en Na Jordana, aunque otras comisiones venían promocionándola años atrás. El enorme Moisés de Manolo García era suficientemente poderoso y voluminoso para impactar a todos. Pero, además, ardió de maravilla, que suele decirse. Una cremà con la misma fuerza que la propia falla, y que rompía esa habitual humareda del corcho, que sí tenía en gran porcentaje igualmente.

2015: La fuerza, de Manolo García Ramírez

¿Podían dejar a Manolo García sin repetir falla? Después del éxito anterior, parecía obligado que volviese a mostrar todo el arte de su carpintería. Y así fue. Tanto la propia plantà como el resultado final eran de impresión, con un enorme remate que todos podemos recordar, y que fue otro de esos iconos en las fallas municipales, sin duda.

2016: Falles en el món, de Manolo García Ramírez

Tercera prueba de fuego para el carpintero y, de nuevo, otro éxito. Cumplió expectativas con este homenaje al propio Gremio de Artistas Falleros y a las fallas plantadas en la Plaza del Ayuntamiento. Parecía una enorme figura souvenir que poder llevarse a cualquier parte. Y no era la última vez que arriesgaría…

2017: València, Ca la Trava, de Manolo García Ramírez

Último intento de Manolo García en el Ayuntamiento de Valencia, en su obra más criticada por casi todos. Aunque se trata de una alegoría, poco sutil, a un proyecto que nunca llegó a materializarse de Santiago Calatrava a la ciudad de Valencia, y encargada además por el Gobierno socialista de Joan Lerma. La falla era alta, muy alta (la torre debía medir, en realidad, casi 400 metros) y esbelta. Pero a nadie gustó que recordara esos fantasmas del pasado.

2018: Equilibri universal, de Pepe Latorre, Gabriel Sanz y Okuda

¿Quién les iba a decir a Latorre y Sanz, en 2008, que diez años después repetirían su firma en las fallas municipales? Y, lo más curioso: ¿Se imaginarían que sería junto a un artista internacional? Seguramente no, pero las nuevas bases para elegir a los proyectos de estas últimas fallas han provocado que artistas falleros se vean obligados a unirse a artistas que nada tienen que ver con el mundo de las Fallas para poder plantar en la Plaza del Ayuntamiento. El primer gran encuentro fue éste, donde Okuda puso color, todo el del mundo, a una obra tan bien valorada y criticada a la vez, que no dejó indiferente a nadie y que, sin duda, rompía casi todos los esquemas vistos en los últimos años en este lugar.

2019: Procés creatiu, de Pepe Latorre, Gabriel Sanz y PichiAvo

Segunda prueba de fuego para tándem de artistas. Latorre y Sanz repetían, esta vez, con una pareja de grafiteros valencianos: PichiAvo, quienes meses antes habrían decorado ya parte de la fachada de la Ciudad del Artista Fallero. Con una estructura más clásica, recordando incluso al Moisés de Manolo García, Latorre y Sanz crearon una falla “al uso”, pero pintada con la colaboración de PichiAvo y numerosas personas, que pudieron dejar su propia imprenta en la falla municipal.

Y, una vez vistas estas últimas fallas municipales… ¿Cuál diríais que os gustó o impactó más? ¿A qué artista llamaríais de nuevo?

Imágenes: Junta Central Fallera

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