La segunda semifinal de Eurovisión 2018 se anticipaba de susto, porque todo seguidor del concurso que se precie valoraba que era la noche de menor nivel y, por tanto, cualquier cosa podría pasar. Y bien cierto que ha sido, porque esta noche de jueves 10 de mayo será recordada por todo eurofan, y también por millones de personas, porque la historia y los récords están para romperse, y no hay estadística que valga. Europa buscaba a sus diez últimos finalistas y, tras ver las dieciocho propuestas de la gala, había que decantarse.

Por primera vez en la historia Rusia y Rumanía no han clasificado sus candidaturas. En el caso de Rusia, con cierto regocijo en redes sociales, dado que muchos eurofans vienen criticando la participación de Rusia por sus políticas anti LGTBI, con toda clase de reivindicaciones y banderas arco iris durante sus actuaciones en directo. Julia ha cumplido con todas las expectativas y, por primera vez, deja a su país sin una final deseada. También han dicho adiós por primera vez los rumanos, que llevaban una buena propuesta de rock a medio tiempo, pero que entre tanta opción quedaba diluida.

La que también ha cumplido con los pronósticos, otro año más, ha sido San Marino. Ni siquiera olvidando a Valentina Monetta han sido capaces de clasificar su canción. Aunque quizá es que la maldición de la cantante es larga, ya que la propuesta incluía cierto cartel de venganza que no ha sido posible ejecutar. Su actuación era, de lejos, de las más pobres. Las baladas con ritmos folclóricos de Georgia y Montenegro, que cantaban en sus respectivos idiomas nacionales, olvidando por completo el inglés, tampoco parecen haber encajado entre el público ni el jurado profesional, y han quedado fuera de la final, como también anunciaban todas las casas de apuestas.

Mucho más sorprendente ha sido la eliminatoria de Polonia, que a priori era uno de los temas con más posibilidades para clasificarse, con DJ en directo y unos estribillos bien pegadizos, que se sumaban a una canción fácil, electrónica y actual, digna de cualquier terraza de verano. Tampoco Letonia ha logrado clasificarse, a pesar de la sensualidad de Laura Rizzotto, quien se ha marcado uno de los mejores directos de la noche con una balada muy de Banda Sonora Original de James Bond. Pero, sin duda, en redes sociales la más demandada ha sido Malta, que también ha quedado a las puertas, a pesar de llevar una gran escenografía y hacer mucho ruido los días previos, no ha terminado de encajar entre el público europeo, y finalmente ha sido eliminada, para sorpresa de casi todo eurofan. Su canción era una gran propuesta, sobre todo por romper todos los tabús.

Por contra, sorpresa para bien en esta semifinal es la que ha dado Serbia, que ha logrado clasificar su medio tiempo cargado de ritmos balcánicos, y con un directo que ha flojeado en algunos momentos, pero que ha logrado encajarse en una semifinal con propuestas muy distintas entre sí. Eslovenia también ha sido campanazo de la noche, con una actuación muy comentada, por el “fallo de sonido” que contiene casi al final de la misma, y que muchos espectadores pretendían denunciar en redes sociales. Otra posible sorpresa es la de Dinamarca, a la que algunos veían fuera, pero que ha sabido triunfar con una canción épica y cierto aire vikingo que ha brillado con luz propia.

Países Bajos llegaba a Eurovisión resabiada, con un cantante que ya fue segundo hace unos años, y que para esta ocasión ponía el toque country al Festival, bien encajado, y que ha obtenido un nuevo pase para este país, lleno de altibajos en el concurso. Moldavia daba la nota de color y discordante, con una escenografía llena de teatro y ritmo, que ha enamorado a media Europa, y que ha generado toda clase de buenas críticas. Repetirán circo en la final, con ritmos alegres que animan, y no poco. Otros que han animado bastante han sido los de Hungría. Grupo de metal rock con voz más que desgarrada y que ha levantado de sus asientos a toda la audiencia. La nota discordante de la semifinal que ha sido un acierto total, subiendo como la espuma entre los favoritos. Ya ganó Lordi para Finlandia con un tema de corte similar. ¿Por qué no podría repetirse?

Aunque si alguien quiere repetir triunfo, ése es Alexander Rybak. El representante de Noruega ya ganó el Festival en 2009, y ahora busca revalidar su éxito. De momento, ha logrado pasar, tarea nada fácil teniendo en cuenta que actuaba el primero de la noche. Y que la mitad de los eurofans no pretenden apoyarle en este retorno, con violín incluido. Más apoyada está la candidatura de Suecia, aunque también está el sector que considera que Benjamin Ingrosso no está al nivel de las propuestas habituales de los suecos. Lo cierto es que su actuación ha sido de las más aplaudidas, con una realización impecable, capaz de fingir que era realmente un videoclip.

Dos países representan la mejor cara de la noche. Australia participa solo desde hace cuatro años. Pero ha logrado pasar a la final… De nuevo. Nunca han sido eliminados, y aunque los más agoreros pronosticaban la caída libre de Jessica Mauboy, lo cierto es que la cantante ha estado a la altura, y su canción, tan de cuento de Disney, se ha clasificado para la final del sábado. Quién sabe si, como habitualmente, pelearán también por el triunfo. De momento, son imbatibles. Como lo son también en Ucrania. Melovin es finalista, y nadie le va a quitar ya ese puesto. Una escenografía impactante, con piano sarcófago y mucho fuego han ayudado en esta semifinal a una canción que crece y que no deja a nadie indiferente. Quién sabe si el sábado no da todavía más miedo.

De momento, ya conocemos a estos 26 finalistas de Eurovisión 2018. Ahora ya podemos empezar a vaticinar realmente quién puede ganar. ¿Cuál es vuestra propuesta?

Imágenes: Eurovision Song Contest

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someonePrint this page

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.