La historia de una ciudad se mide por su historia, por sus hechos más destacados, sean a veces con más fortuna, como alguna celebración o evento acogido, o por sus desgracias, guerras o, incluso, catástrofes naturales. Uno de estos últimos casos es el que afectó a Valencia hace hoy 61 años, y que todavía miles de valencianos recuerdan con cierta angustia: La gran riada del Turia de 1957. Tal día como hoy, un 14 de octubre, pero de hace justo 60 años, Valencia vivió uno de sus más amargos episodios, al ver como su querido río engullía gran parte de la ciudad bajo las aguas en un acontecimiento, que no era el primero, pero sí uno de los más violentos y que desde entonces se conoce como La Riuà.

Todo comenzó durante la jornada anterior, el día 13 de octubre, cuando las partes altas de la cuenca del Turia y otras más cercanas a esta y que conectan con el caudal del río valenciano, recibían precipitaciones que dejaron más de 300 mm de agua recogida, por lo que la contingencia era casi impensable. De esta forma, en la madrugada del 14 de octubre, Gobierno Civil hacía un llamamiento a la ciudadanía de Valencia para que extremara la precaución ante una inminente crecida del Turia.

Nadie podía esperar que aquella crecida fuera de manera exagerada, 2.7000 metros cúbicos por segundo hicieron que el cauce que atraviesa la ciudad no diera a basto y desbordara. Tras esta primera avenida y con una relativa calma, la ciudad experimentó lluvias torrenciales que no hacían más que empeorar la situación y que ponían en sobre aviso de lo que estaba por ocurrir. Sobre el mediodía del 14 de octubre llegó la peor onda de agua, la más devastadora y la que terminó por ahogar a una ciudad que siempre ha vivido al borde de su río. Esta segunda avenida de aguas fue de 3.700 metros cúbicos por segundo y con una velocidad de 4,16 metros por segundo, que inundó la mayor parte del Cap i Casal.

riada04Los troncos y ramas que bajaban con las aguas embravecidas del río taponaron los puentes, incluso el Pont de Fusta pereció bajo las aguas, hicieron que zonas como la calle Doctor Oloriz quedará cubierta, alcanzando el agua una altura de más de 5 metros, siendo la zona donde más arriba llegó. Los Barrios del Carmen, de Marchalenes, San Francesc, El Mercat, parte de Ruzafa, el Ensanche, Zaidia, La Xera quedaron anegados, siendo los Poblados Marítimos los más dañados. La Punta o Nazaret quedaron arrasados y dejando al descubierto la miseria de los que lo habían perdido todo. Prácticamente Valencia entera sufrió la devastación del Turia aquel 14 de octubre de 1957, salvo la Valencia romana, la que se agolpa entorno a la Plaza de la Virgen que quedó completamente seca.

Murieron mas de un centenar de personas, aunque cifras oficiales estimaron en 81, mas de 7.000 personas se quedaron prácticamente en la calle y Valencia tuvo que afrontar una recuperación a la que el gobierno central dio la espalda o ayudó bien poco. Desolación, tristeza y mucho barro en la calles hicieron que los valencianos necesitaran la ayuda de sus vecinos. La solidaridad entre compatriotas, hoy que parece estar perdida, se puso de manifiesto y en pocas horas toda España respondió a la llamada de Valencia y ofreció todo tipo de ayudas. De todos los puntos llegaron víveres, enseres personales, dinero, toda ayuda era bien recibida en una ciudad que había perdido la ilusión a causa de un desastre como este.

Desde Murcia, Radio Juventud organizó las subastas nocturnas donde personas anónimas y famosos del momento pujaban por regalos. Carmen Sevilla o el Arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, ofrecieron objetos personales que sirvieron para sacar ingresos para los damnificados de la riada. Incluso la Fallera Mayor de Valencia de 1957, Sagrario Fernández de Córdova, entregó su banda para ser subastada.

riada03De ayudas oficiales, los primero en llegar fueron los militares que emprendieron la labor de retirar y dejar limpia la ciudad de la cantidad de lodo que las aguas dejaron. A estos y a todos los anónimos que, con pala en mano, abrieron los caminos se les conoció como el Batallón del Barro. Tras los peores días, las soluciones llegaban en forma de dinero que, en la mayoría de casos, ni se recibió o no cubrían el daño.

Tras este episodio, Valencia reclamó reiteradamente una solución que llegó con el Plan Sur y que, a modo de parche, hizo que el miedo a una nueva riada desapareciera. Es un recuerdo de las consecuencias de la gran riada, como lo son barrios como el de la Fuensanta, o esos azulejos que aún podemos ver en las calles con la inscripción de «Hasta aquí llegó la riada». Un episodio que Valencia no olvidará jamás y por el que dejó de ser la ciudad llena de vida que es, pero sólo por unos días, porque los valencianos sabemos salir adelante y nuestro empeño hizo recuperarnos de una catástrofe que hoy guardamos en la memoria y recordamos gracias a las miles de imágenes que vecinos y profesionales de los medios de comunicación lograron sacar en medio de esta catástrofe.

Imágenes: Francisco Pérez Aparisi, publicadas en el libro «Hasta aquí llegó la riada» (Francisco Pérez Puche, 1997)

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