La final de Eurovisión ya tiene a 16 finalistas de pleno derecho. A los primeros seis ya los conocíamos desde hace un año. España, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia son el grupo denominado Big 5 por su aportación económica al Festival y, por eso, tienen su pase en la final asegurado cada año. Junto a ellos, el país anfitrión y vencedor del concurso anterior. En este caso, Israel, que ejerce como sede desde Tel Aviv. Los siguientes diez los hemos conocido después de una primera semifinal sin demasiadas sorpresas, emitida este martes 14 de mayo desde las 21.00 horas en La 2 de Televisión Española. Una semifinal en la que votaban todos los países que participan y, además, España, Israel y Francia; es decir, justo la mitad de todos los países que compiten, para decidir las 7 canciones eliminadas de todas las que actuaban en directo.

Después del veredicto de los jurados profesionales y del televoto del conjunto de países, como era de esperar, Montenegro caía otro año más en semifinales. La canción coral que han presentado, que tampoco estaba bien empastada, no ha cuajado entre los eurofans. Tampoco lo ha hecho Bélgica, con un tema muy pop pero descafeinado, al que le ha fallado un cantante que en directo ha perdido muchísimo, porque apenas lograba hacer sonar su voz por encima de la música. Georgia tampoco aparecía muy alta en las casas de apuestas y, efectivamente, ha caído eliminada. Un tema con mucho folclore pero demasiado agresivo que no ha encajado pese a su letra “protesta” a favor de la inmigración y la eliminación de fronteras.

Finlandia sí era una de las que podía partir como vencedora de esta noche, al llevar un tema con base muy electrónica y actual, pero no ha sido suficiente para conseguir su pase a la final del sábado. Tampoco lo ha hecho el grupo enviado por Polonia, cuatro mujeres a coro, medio en polaco y medio en inglés que, a pesar de ser muy seguidas en redes sociales, no han logrado que su canción machacona y pegadiza superase esta primera criba. El mismo batacazo se ha pegado Hungría, con un tema cantado en también en húngaro y con ritmo muy propio. Una canción, además, cantada por Joci Pápai, que hace dos años quedó octavo en el Festival. Un disgusto para él, sin duda, y para su país. Apostaban fuerte. Idéntica situación ha vivido Portugal, la otra canción particular, cantada en portugués, y defendida con una escenografía distinta, arriesgada, casi friki, pero que no ha enamorado a Europa como sí lo hiciera hace bien poco Salvador Sobral.

En el lado positivo de la moneda, sin duda, la sorpresa ha sido San Marino. Y no porque no lo mereciera, sino porque es la segunda vez en su historia, y ya llevan más de diez años, que logra clasificarse. Serhat también es la segunda vez que va al Festival, pero en su anterior aparición no logró pasar a la final. Veremos cómo desenvuelve su pegadizo Say na na na en la final del sábado. Bielorrusia también cantará de nuevo un tema movido, cantado por una jovencísima Zena, que con muchísima coreografía, hará bailar mucho al público presente. Ninguno de los dos partía como favorito, por lo que ambas han sido un impacto para las casas de apuestas, que ya están subiéndolos varios puestos.

Sí parecía más claro que Eslovenia lograra pasar esta semifinal. Un dúo lento, calmado, con una cantante que apenas consigue sonreír en escena, pero que lleva una canción muy íntima que enamora. Quizá algo parecido le ocurre a Estonia. Victor Crone no necesita grandes artificios, y aparece solo en el escenario, únicamente acompañado de su guitarra. Pero la canción es solvente, pegadiza, y con unos estribillos llenos de fuerza. Aunque, para fuerza, la que ha demostrado Nevena, la cantante de Serbia. La artista ha defendido una balada de esas de gran diva, sola en escena, pero con una gran carga de efectos visuales, que han reforzado muchísimo una actuación poderosa con la que podría ganar perfectamente, como ya hizo el Molitva que le dio la única victoria que, de momento, tiene Serbia hasta la fecha.

No podemos calificarla como balada, pero es cierto que Australia y esa ópera lírica que propone este año, tiene una carga importante de pausa, de armonía y de torrente vocal. Kate es soprano, y lo demuestra con unas notas tan agudas y altas como su misma localización en escena, en ese Zero gravity. Australia puede alardear de haberse clasificado siempre para la final. También lo ha vuelto a hacer Chipre, segunda el año pasado con Fuego, y que este año traen un Replay bastante similar y otra gran cantante sobre el escenario, andando sensual, moviéndose sin parar, y con una canción que, seguro, va a sonar en todas las discotecas este verano. Buscaban venganza y, de momento, la han logrado.

República Checa también partía como otra de las grandes favoritas de la noche, después de haberse clasificado sexta el año pasado, en el que también eran claros vencedores. Un tema actual, muy indie y con un auténtico videoclip en directo de Lake Malawi ha enamorado al público y jurado. Lo mismo ha ocurrido con Grecia. Llevan una coreografía elaborada, un poco de decorado, un vestuario muy especial y una canción y cantante que demuestra calidad y tablas. Podría colocarse muy bien en la gran final. Katerine Duska tiene un directo brutal y muy cuidado. Lo mismo que Islandia que, a ritmo de techno punk y algo de hardcore BDSM ha permitido que Hatari pase a su país después de tres años quedándose en su semifinal. Su estética es completamente distinta, dura, y a muchos les recuerda a Lordi. ¿Ganarán como hicieron sus vecinos de Finlandia en 2006? Pronto lo veremos.

Imágenes: Eurovision.tv

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