Eurovisión 2017 será un año histórico, al margen de su clasificación, y sea como sea que quede o que actúe ningún país. Porque esta edición está llamada a ser la más bochornosa y política de cuantas se hayan celebrado a lo largo de la trayectoria del Festival. El ejercicio ya comenzaba con polémica, después de que Ucrania se alzase con la victoria en 2016 de la mano de Jamala y su 1944, una canción con tintes históricos y sociales, y que sin decirlo en la letra, pero sí en entrevistas, aludía a la invasión rusa de algunas regiones de Ucrania y que sigue provocando conflictos bélicos entre estos países que, sin embargo, se votan entre sí, y no con pocos puntos, durante la historia de Eurovisión.

El Gobierno de Rusia calificó la victoria de “derrota del arte” y aseguraba que Europa se había dejado convencer por la política, anunciando su posible retirada del Festival, como ya antes habían hecho otros países, como Turquía (que todavía no ha vuelto) e Italia, que regresó tras una década de ausencias. No era la primera vez que los políticos rusos se quejaban de Eurovisión, y su historial viene de largo. Estuvieron dos años sin participar, también por motivos de orgullo. Sin embargo, llevan desde el año 2000 concursando de manera ininterrumpida, y con una victoria en 2008 (Believe, de Dima Bilan), y otros siete podios en estos dieciséis últimos años.

De hecho, Rusia hizo historia en 2015 gracias al A million voices de Polina Gagarina, su representante de ese año, quien obtuvo el segundo lugar en la gran final, finalizando con 303, siendo la primera canción no ganadora en superar los 300 puntos, la canción no ganadora con mayor cantidad de puntos (estando el en cuarto lugar histórico) y además es la canción rusa con mayor puntuación. Y eso a pesar de que, desde toda Europa, se ha intentado llamar al boicot de Rusia en algunos años, por las políticas racistas y homófobas de su primer ministro, Vladimir Putin. Políticas que llegaron a sufrir los eurofans en 2009, cuando Moscú fue anfitriona. Y también algunos artistas del Festival, tanto de dentro como de fuera del país.

La primera afectada fue la propia Polina Gagarina, a quien se acusó de “traición” por compartir una fotografía en la que daba un beso a Conchita Wurst, la ganadora de Eurovisión 2014, y controvertido personaje que lucha por los derechos del colectivo de gay, lesbianas, bisexuales y transexuales. Este pasado 2016, el representante de Israel, Hovi Star, también denunció vejaciones al pisar suelo ruso, vivencias que compartió con Barei, la artista española que no dudó en confirmar este trato repulsivo al cantante israelí, y todo “por ser gay”. Gestos que demuestran la escasez de tolerancia y democracia de Rusia, a pesar de que nunca se le ha prohibido participar en el Festival de la Canción.

Pero no todas las polémicas vienen desde este país. En 2009, Georgia se vio obligada a retirarse de Eurovisión. Su canción, We don’t wanna put in, hacía un juego de palabras para aludir que ellos “no querían a Putin”, aunque si título dijese, literalmente, que “no querían aguantar”. Desde la Unión Europea de Radiodifusión (UER) se les solicitó un cambio de letra y título. Algo que Georgia no aceptó. Y finalmente fueron descalificados. Una expulsión como a la que se enfrenta ahora la propia Rusia. Desde Ucrania se pide su eliminación inmediata de Eurovisión 2017, a menos que cambie de artista. Y es que, al parecer, la cantante Yulia Samoylova viola las leyes del país anfitrión.

La cantante rusa, que además va en silla de ruedas por una enfermedad que la mantiene discapacitada, entró “de manera ilegal” en Ucrania en 2014, ofreciendo un concierto en la región de Crimea (la polémica zona a la que cantaba la canción ganadora del año pasado), invadida por Rusia. Algo que también parece haber hecho la cantante de Armenia, aunque de momento apenas se ha filtrado a la prensa. Así pues, y en base a la actual legislación del país, la rusa no podría cruzar las fronteras de Ucrania. Ni siquiera aparecer por televisión. Un impedimento total para su participación en Eurovisión 2017. Su entrada está vetada al país en el que se celebra el Festival, y la UER ha tratado de firmar paz entre ambos titanes, ofreciendo a Rusia la posibilidad de que su artista participe desde otro país, en un plató diferente.

Sería la primera vez en más de 60 años que ocurre este hecho, surrealista y poco justo para todos. La rusa actuaría en desigualdad de condiciones, por no compartir mismo escenario, iluminación y realización de su show. Rusia se niega a este hecho. Y solicita a la UER que le dejen cruzar hasta Ucrania a su cantante, al tiempo que la han reafirmado también como representante para 2018. Desde Ucrania, el único mensaje que se lanza (desde Twitter, y con voz del viceprimer ministro) es que “Rusia escoja a un representante que no haya infringido ninguna Ley”. Lo cierto es que será difícil, porque Ucrania ha publicado una lista con hasta 140 cantantes de Rusia que tienen vetados.

La batalla ya es a tres, y todavía desconocemos si finalmente la concursante rusa podrá concursar, lo hará desde Ucrania, o si Rusia tendrá que retirarse del Festival este 2017, a pesar de tener su participación regulada y aceptada, con cantante y canción. Un hecho inédito, pero con algunas particularidades que se asemejan a otros bochornos políticos vividos anteriormente. Este pasado 2016, el cantante de Rumanía fue expulsado del Festival a falta de una semana para celebrarse, por las deudas económicas de su país con la UER. Y en 2012, Armenia se vio obligada a retirarse también del concurso por “temer por la seguridad” de sus representantes. Entonces el Festival se celebró en Azerbaiyán, país con el que mantienen diferentes tensiones políticas y bélicas.

De hecho, años antes, en 2009, la Seguridad Nacional de Azerbaiyán había ordenado “detener e interrogar” a casi medio centenar de personas, por el mero hecho de votar a Armenia en Eurovisión. Unos hechos poco democráticos, tolerantes y, sin duda, nada deportivos, con los que el Festival tiene que lidiar casi cada año en la última década. ¿Puede ocurrir algo más? Estaremos expectantes. De momento, Eurovisión 2017 no suena por su buena música, algo que entristece a toda Europa… Y a Australia.

Imágenes: Eurovision.tv

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2 thoughts on “Los peores bochornos políticos relacionados con Eurovisión”

  1. Lo que debe hacer la UBER es descalificar a todo país que incumpla derechos y principios democráticos y si esto hace que Ucrania no pueda ser sede del próximo festival (tanta culpa tienen estos como los rusos), que se cambie pues. Esto se ha convertido en una charlotada manejada por el dinero y muy lejos del concurso de canción que era. Por cierto, Australia a su casa ya!

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